Entrevista

Wladimir Valladares, fundador de Depósito Cafetero : “Tenemos que comenzar a pensar como un ecosistema”

El desafío del café de especialidad va mucho más allá de abrir nuevas cafeterías. La apuesta es construir un ecosistema que conecte emprendedores, productores, empresas, academia y comunidad, aprovechando la posición estratégica de Antofagasta para generar nuevas alianzas, acortar cadenas y crear valor desde el territorio

Si pudieras diseñar la cafetería de tus sueños en Antofagasta, ¿cómo sería? ¿Qué tendría, qué ofrecería y qué experiencia buscarías generar en quienes la visiten?

Cuando pienso en la cafetería de mis sueños, no imagino solamente un lugar donde las personas vayan a tomar un buen café. Me imagino un espacio con identidad propia, que combine una cafetería de especialidad con una tostaduríadonde podamos ofrecer cafés de distintos orígenes y, sobre todo, con una trazabilidad clara y comprobable. Me interesa que quien llegue pueda disfrutar una taza, pero también entender qué está tomando, de dónde viene ese café, quién lo produjo y todo el trabajo que existe detrás.

También sueño con un equipo de personas jóvenes, talentosas y realmente apasionadas por este mundo. En este recorrido he tenido la oportunidad de conocer a profesionales muy buenos, con muchísimo potencial, y creo que una cafetería también puede convertirse en un lugar donde ese talento pueda crecer y especializarse.

Pero para mí hay algo todavía más importante: no quisiera que fuera solamente una cafetería. Me gustaría que fuera un punto de encuentro para Antofagasta. Un espacio tipo cowork, donde puedan desarrollarse talleres, capacitaciones, proyectos, colaboraciones y actividades relacionadas no solo con el café, sino también con innovación, gastronomía, emprendimiento y generar comunidad.

Evidentemente, construir algo así requiere inversión, porque trabajar con buenos equipos, buena materia prima y profesionales capacitados tiene un costo importante. Pero justamente ahí está el desafío, no competir solamente por vender una taza de café, sino por entregar una experiencia y generar valor.

Si pudiera resumir esa cafetería soñada, sería un lugar donde convivan el café de especialidad, la tostaduría, el talento local, la innovación y la comunidad. Un espacio que aporte al desarrollo de una verdadera cultura del café en Antofagasta y que, al mismo tiempo, ayude a demostrar que desde nuestra ciudad también podemos desarrollar proyectos de especialidad con identidad y proyección.

Has demostrado que tu propuesta puede salir de una cafetería tradicional: llevas el café de especialidad y tus formatos a distintos eventos, has creado instancias como “Antofalatte” y has convocado a una comunidad de “coffee lovers”. ¿Qué descubriste en ese recorrido sobre las distintas formas de acercar el café de especialidad a los consumidores?

He descubierto que para acercar el café de especialidad a más personas no basta con servir una buena taza. Hay que crear experiencias y nuevas formas de conectar con la gente.

A través de iniciativas como Antofalatte, Asatrolattehouse, ExpoCafé del Norte y otras actividades, entendí que el café puede conectar distintos mundos: emprendedores locales, gastronomía, ciencia, astronomía e innovación social.

Hemos trabajado, por ejemplo, con chocolates artesanales y syrups de emprendedores locales y otros productos, además de realizar experiencias gastronómicas y actividades relacionadas con la astronomía. Así, el café se transforma en un punto de encuentro entre personas, ideas y proyectos.

Para mí, ahí también está la innovación social: usar el café para generar colaboración, comunidad y nuevas oportunidades en el territorio.

La principal enseñanza ha sido entender que el café de especialidad no tiene por qué quedarse dentro de una cafetería. Puede salir a otros espacios, conectarse con distintas experiencias y acercarse a nuevos públicos, aportando también al desarrollo de Antofagasta.

En Antofagasta han surgido varias cafeterías de autor, pero no todas consiguen permanecer en el tiempo. Desde tu perspectiva, ¿qué está faltando para que el café de especialidad consiga consolidar un mercado propio en la ciudad?

Creo que en Antofagasta todavía nos falta entender que el café de especialidad es mucho más que poner la palabra “especialidad” en una cafetería. Detrás tiene que haber calidad, trazabilidad, conocimiento, innovación y, sobre todo, una propuesta con identidad propia.

En estos años he visto abrir y también cerrar varias cafeterías, y creo que eso nos deja un aprendizaje. No basta con tener un buen café o buenos equipos. También hay que preguntarse qué nos diferencia, qué experiencia estamos entregando y por qué una persona debería volver.

Para mí, ahí está uno de los grandes desafíos: innovar y generar valor. Y no hablo solamente de crear nuevas bebidas, sino también de trabajar con productores y emprendedores locales, formar buenos equipos, generar alianzas y buscar nuevas formas de conectar con las personas.

También tenemos que contar mejor lo que existe detrás de una taza: de dónde viene el café, quién lo produjo y todo el trabajo que hubo para que llegara hasta nosotros. Cuando el consumidor entiende esa historia, también comienza a valorar el producto de otra manera.

Creo que Antofagasta tiene mucho potencial, pero necesitamos construir una cultura del café más sólida y trabajar más como ecosistema. La especialidad no es solamente un nombre; es una forma de hacer las cosas, de generar valor y de construir algo que pueda mantenerse en el tiempo.

Tu propuesta también se construye a partir de los orígenes del café y de la colaboración con productores y otros actores del rubro. Hoy estás trabajando con cafés provenientes de Colombia y Perú. ¿Qué importancia tienen esas alianzas y la diversidad de orígenes en la evolución de tu negocio?

Para mí, las alianzas son fundamentales, porque detrás del café de especialidad hay personas, productores y muchas historias. Hemos trabajado con cafés de Colombia y Perú, y hoy también estamos mirando con mucho interés a Bolivia y Brasil, tanto por la calidad de sus cafés como por la cercanía que tenemos desde Antofagasta.

Hoy muchas veces un café hace un recorrido bastante largo: llega a la zona central, pasa por diferentes intermediarios y bodegas, y después vuelve a viajar hacia el norte. Cada paso suma costos y también nos aleja de una relación más directa con el origen. Por eso me interesa buscar una forma diferente de trabajar, con una cadena más corta y cercana a los productores.

Ahí veo una oportunidad muy interesante con el corredor bioceánico, porque puede ayudarnos a generar relaciones más directas con países vecinos como Brasil y Bolivia, reducir intermediarios y mejorar la logística. Eso nos permitiría tener mayor trazabilidad, cuidar la calidad del café y avanzar hacia un comercio más justo.

Para mí, el origen no es solamente el nombre de un país en una bolsa. Es saber quién produjo ese café, cómo fue trabajado, qué recorrido hizo para llegar hasta nosotros y poder compartir esa historia con quien finalmente disfruta la taza.

Creo que desde Antofagasta tenemos una gran oportunidad: aprovechar nuestra ubicación para conectarnos de manera más directa con nuestros países vecinos y construir una cadena del café más cercana, transparente, justa y con identidad.

Mirando hacia adelante, ¿qué tendría que pasar en Antofagasta para que el café de especialidad deje de ser una propuesta de nicho y se transforme en un mercado más desarrollado, con consumidores habituales y negocios capaces de sostenerse?

Creo que para que el café de especialidad deje de ser un nicho en Antofagasta tenemos que dejar de trabajar solamente como emprendedores individuales y comenzar a pensar como un ecosistema.

Necesitamos conectar a emprendedores, empresas, Estado, academia y comunidad. Las universidades, por ejemplo, pueden aportar desde la investigación y la innovación, no solo en nuevas formas de tostado o extracción, sino también en economía circular, buscando cómo aprovechar la borra del café y otros residuos de las cafeterías para transformarlos en nuevos productos y generar valor.

También tenemos que aprovechar nuestra ubicación. Antofagasta tiene la oportunidad de conectarse de manera más directa con países vecinos a través del corredor bioceánico, generar nuevas alianzas y depender menos de la zona central.

Y algo fundamental es formar consumidores. Mientras más personas conozcan el café de especialidad, entiendan su origen y aprendan a valorar su calidad, más posibilidades tendremos de generar clientes habituales y negocios sostenibles.

Para mí, el desafío no es solamente tener más cafeterías, sino construir una verdadera cultura del café en Antofagasta, basada en colaboración, innovación, sostenibilidad y comunidad.

Vadimir Valladares Fuentes es Ingeniero en Química, emprendedor y gestor de proyectos en café de especialidad y sostenibilidad. Fundador de Depósito Cafetero, tostador y catador con formación SCA Sensory Skills – Foundation. Project Manager de AntofaLatte, iniciativa reconocida con el Sello de Innovación Social mediante el Modelo Multihélice de la UCN. Consultor en Huella de Carbono, inventarios GEI y gestión ambiental, promoviendo innovación, economía circular y desarrollo sostenible en la Región de Antofagasta.

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