Opinión

La primera piedra, por Marcela Maldonado

Hay una frase que nunca pierde vigencia: «El que esté libre de pecado, que lance la primera piedra.»

En el mundo del emprendimiento y de los proyectos colaborativos existe una contradicción que siempre me inquieta: hay personas que deciden participar en programas cuya dirección, metodología o liderazgo dicen no compartir. Nadie las obliga a estar ahí. Sin embargo, permanecen.

La crítica es necesaria. De hecho, los buenos proyectos se fortalecen cuando reciben observaciones honestas y directas. Lo que los debilita no es la diferencia de opinión, sino la desconfianza sembrada a espaldas de quienes trabajan por sacar adelante una iniciativa.

Ningún programa cambia la vida de una persona por arte de gracia. Una mentoría, una capacitación o una red de apoyo son herramientas; el verdadero resultado depende de la coherencia, el compromiso y la voluntad de quien las aprovecha. Del mismo modo, ningún proyecto es perfecto, pero todos merecen ser evaluados con la misma honestidad con la que fueron construidos.

Cuando el rumor reemplaza al diálogo, el daño no recae únicamente sobre quien dirige un programa. También perjudica a las emprendedoras que sí hicieron el trabajo, que aprovecharon las oportunidades y que transformaron ese aprendizaje en crecimiento real para sus empresas. Ellas terminan pagando el costo de un clima de desconfianza que nunca debió existir.

Las diferencias se conversan de frente. Las observaciones se hacen con nombre y apellido. La crítica responsable construye; la murmuración solo consume energía y erosiona el capital reputacional de todos.

Al final, la verdadera ética no consiste en encontrar culpables, sino en tener la honestidad de revisar primero nuestra propia conducta. Porque antes de señalar al otro, siempre conviene preguntarse si nuestras manos están realmente libres para levantar la primera piedra.

Marcela Maldonado
Ingeniera Comercial
Estratega Vinculación Empresarial

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