Carla Miranda, coach profesional: “desde el primer latido de Mumba, la colaboración ha estado en nuestro ADN”
Junto a sus hermanos ha desarrollado una propuesta de bienestar que integra minerales, aromas, meditación y experiencias sensoriales. Su trabajo explora nuevas formas de conectar con las personas, promover la autosustentabilidad en la vida cotidiana y generar espacios de colaboración entre emprendedores, empresas y comunidades.
Eres ingeniera civil industrial y durante años desarrollaste tu carrera en un mundo muy ligado a la minería, la gestión y los procesos empresariales. ¿Qué ocurrió en tu vida —personal y profesional— para que decidieras cambiar ese camino y comenzar a trabajar con programación neurolingüística, coaching y bienestar?
Sí, estuve más de diez años en el mundo corporativo, en el área de abastecimiento. Disfrutaba mucho ese rol porque me permitía conectar con muchísimas personas y siempre me fascinó observar las distintas miradas que cada uno tiene sobre sus propias experiencias. Sin embargo, en el fondo sabía que la vida no podía tratarse solo de productividad, esfuerzo y cumplimiento. Sentía latir dentro de mí una gran vocación creativa, una profunda capacidad de escucha y un deseo genuino de conectar desde el corazón. Además, mis hijos eran pequeños y anhelaba acompañarlos de cerca en su crecimiento.
Todo eso se unió en un impulso innegable por transformar mi rumbo profesional. Decidí dar el salto para dedicarme a acompañar, escuchar y avanzar, pero esta vez desde el bienestar. Sabía que podía crear una vida mucho más expansiva aplicando lo que había aprendido al formarme como coach profesional y facilitadora en programación neurolingüística. Elegí el camino del bienestar porque me hace inmensamente feliz; es un espacio donde soy coherente conmigo misma y, desde ahí, puedo aportar verdadera luz y bienestar a la vida de los demás.
En Mumba confluyen las miradas de tres hermanos con formaciones y experiencias diferentes, y desde ahí construyen una propuesta que cruza mineralogía, ciencia, espiritualidad y bienestar. ¿Qué conversación entre ustedes dio origen a esta idea y qué buscan realmente transformar en la vida cotidiana de las personas?
En Mumba ocurre algo mágico: es el punto de encuentro de tres hermanos, cada uno aportando su propia esencia. Por un lado, mi hermana Carolina, ingeniera civil industrial, aporta toda su experiencia liderando equipos, pero también su sensibilidad por la belleza, la decoración, los aromas y una perseverancia admirable. Por otro lado, mi hermano Gustavo, que es geólogo y un profundo conocedor de los minerales. Él suma su ingenio y creatividad para dar vida a los diseños únicos de Mumba. Y luego estoy yo, aportando mi amor por lo holístico, la geometría sagrada, el bienestar y el poder sanador de la naturaleza.
Estos tres mundos se unieron de forma natural, generando una sinergia preciosa. Nuestra conversación inicial y nuestro propósito más profundo siempre ha sido el mismo: aportar nuestro granito de arena para transformar el día a día de las personas, acercándoles experiencias de paz y bienestar a través de la energía de los minerales y los aromas, que son el corazón de todas nuestras líneas de productos.

Aromas, aromaterapia, minerales, cristales, cuencos, meditación y experiencias sensoriales forman parte de este universo. ¿Cómo decides qué herramientas incorporar y qué has descubierto sobre la relación entre los sentidos, las emociones y el bienestar de las personas?
A lo largo de mis años acompañando a tantas personas, he comprobado que somos un todo maravillosamente integrado. No es casualidad que tengamos cinco sentidos; a través de ellos «grabamos» nuestras experiencias. Por eso, cuando buscamos hacer cambios profundos o sanar, necesitamos involucrar esos sentidos para recodificar nuestra historia interior.
Para diseñar cada experiencia y elegir sus elementos, mi brújula principal es la empatía: me conecto con lo que las personas anhelan y necesitan sentir en ese momento. La relación entre nuestros sentidos, las emociones y el bienestar es absoluta. El olfato, por ejemplo, es un canal directo al corazón y al cerebro. Un aroma tiene el poder instantáneo de cambiar nuestra frecuencia, inspirarnos, evocar recuerdos hermosos y anclarnos en un estado de paz. Elegir el aroma perfecto es un arte que requiere conocer su lenguaje sutil, para saber exactamente qué esencia abrazará mejor a cada persona según la ocasión.

Mumba también ha comenzado a llevar esta propuesta hacia las empresas y los espacios de trabajo. ¿Qué has descubierto sobre las necesidades de bienestar de las organizaciones y qué puede aportar una experiencia sensorial como la aromatización de un espacio, una pausa consciente o la meditación en ambientes laborales?
Detrás de cada empresa hay un ecosistema vivo, formado por seres humanos que tienen necesidades genuinas de bienestar. Hemos descubierto que llevar el poder de los aromas a las organizaciones genera un impacto precioso. Un aroma adecuado en el ambiente de trabajo puede transformar por completo la energía y la disposición del equipo. Y cuando las personas se sienten a gusto, fluyen mejor, lo cual es inmensamente beneficioso tanto para ellas como para los propósitos de la organización.
Integrar la aromaterapia, las pausas conscientes o pequeños momentos de meditación en la rutina laboral es un regalo vital. Ayuda a que cada persona pueda transitar su día más enfocada, presente y conectada. Al final del día, el bienestar es integral, y nutrirlo en el trabajo nos eleva a todos.
Hay una dimensión especialmente potente en las experiencias que desarrollas con grupos de mujeres en el desierto: salir del espacio cotidiano, conectar con el territorio, trabajar con los sentidos, meditar y compartir una experiencia colectiva. ¿Qué ocurre cuando una mujer se permite detenerse y encontrarse consigo misma en un lugar como el desierto de Atacama?
Es una experiencia profundamente transformadora. Cuando una mujer se da el permiso de salir de la vorágine diaria, detenerse y cambiar de entorno, ocurre una magia preciosa. Al pisar un territorio tan imponente, los sentidos se despiertan y se abre un portal de autoconocimiento. Es un viaje hermoso donde dejamos de habitar solo en la mente para descender al corazón y al cuerpo.
En esa inmensidad encontramos la calma y la verdadera conexión. Además, compartir ese espacio sagrado con otras mujeres crea una red de contención enriquecedora. Es un proceso de nutrición pura: sanamos juntas, crecemos y volvemos a casa completamente recargadas, inspiradas y listas para seguir avanzando en la vida con una luz renovada.
Has desarrollado además interesantes asociatividades con distintas empresas y emprendedores locales, llevando el mundo de los aromas a nuevos espacios y creando experiencias en conjunto. ¿Qué has descubierto en ese proceso sobre el poder de un aroma para despertar emociones, recuerdos y sensaciones, y cómo has ido desarrollando esa búsqueda hasta convertirte, de alguna manera, en una verdadera exploradora de los aromas?
Desde el primer latido de Mumba, la colaboración y la creación de redes han estado en nuestro ADN. Con mis hermanos siempre hemos creído que crecer acompañados es la forma más hermosa de evolucionar. Al igual que en la naturaleza, donde todo funciona como un sistema interconectado y perfecto, en el emprendimiento también necesitamos de la comunidad y las alianzas.
Se trata de descubrir cómo nuestros aromas pueden realzar la propuesta de valor de otras marcas y crear experiencias memorables en conjunto. Es una mentalidad de abundancia y crecimiento compartido, no de competencia. Si podemos ayudar a brillar a otros, nosotros también nos iluminamos en el proceso. Es vivir desde un pensamiento unificado, explorando juntos el inmenso poder que tienen los aromas para despertar emociones y crear belleza en comunidad.
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