Emprendimiento y minería: una alianza que podemos llevar más lejos, por Melissa Gajardo
Durante mis años en el desarrollo productivo regional me tocó sentarme en muchas mesas donde la minería, el sector público y los emprendedores hablaban de lo mismo, pero rara vez al mismo tiempo. En Antofagasta solemos tratarlos como mundos separados: uno grande que mueve la economía, otro pequeño que intenta abrirse paso. Estoy convencida de que esa separación ya no tiene sentido.
La minería es nuestra principal actividad económica y lo seguirá siendo. Gracias a ella existe gran parte del empleo y los servicios de la región. Y en los últimos años ha dado pasos importantes hacia el ecosistema: programas de proveedores, desafíos de innovación abierta, fondos para emprendedores de las comunas y alianzas con universidades. Hace poco, Open Aster, la primera convocatoria de innovación abierta de Escondida | BHP, seleccionó a 25 startups entre más de 600 postulaciones para desarrollar pilotos por más de US$3 millones en sus operaciones (NODO 23, 1 de septiembre de 2026). Eso no es menor.
El desafío ahora es pasar de iniciativas valiosas a un sistema que se sostenga en el tiempo. Hoy muchos de estos esfuerzos funcionan en paralelo: cada compañía con su programa, cada institución con su fondo, cada universidad con su incubadora. Todos aportan, pero no siempre conversan entre sí. A eso se suma que varios de ellos vienen de instituciones no regionalizadas, con altos estándares y conocimiento de calidad, pero sin ADN regional. El resultado es que el emprendedor tiene que golpear muchas puertas, y las empresas no siempre encuentran las soluciones locales que necesitan.
La minería tiene algo que ningún fondo público puede entregar: demanda real. Sabe qué problemas necesita resolver y qué tecnologías busca. Cuando esa demanda se abre a los emprendedores de la región, se genera algo mucho más poderoso que un subsidio: un primer cliente. Y un primer cliente es, muchas veces, lo que separa una buena idea de un negocio que se queda.
Por eso creo que el próximo paso es articular. Que las compañías mineras, el sector público, la academia y las organizaciones de emprendedores compartan una hoja de ruta común, con desafíos priorizados, seguimiento de resultados y espacios donde los emprendimientos locales puedan crecer junto a la industria.
No se trata de pedirle a la minería que haga todo. Se trata de reconocer que es el actor con mayor capacidad de traccionar el ecosistema, y que cada peso invertido en proveedores y emprendedores locales vuelve a la región en empleo, conocimiento y diversificación.
Antofagasta tiene la industria, el talento y las instituciones. La pregunta es cómo hacemos que todas esas piezas jueguen en el mismo equipo: ¿estamos listos para convertir los aportes de hoy en el ecosistema que la región merece?
Melissa Gajardo Castillo
Magíster en Gestión de Innovación y Transferencia Tecnológica | Ingeniera en Comercio Internacional
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