Opinión

Cola de Zorro 3: Nivel Terminator, por Marcela Maldonado

Hay momentos en que la competencia deja de ser competencia.

Primero fue la estrategia. Después, el ilusionismo. Luego vino la búsqueda desesperada de argumentos para convencer al mercado de que el producto propio era mejor que el original.
Pero cuando nada de eso funciona, aparece otra etapa:
la «Nivel Terminator».

Cola de Zorro, que alguna vez lució orgulloso su hermosa cabellera, su cola pomposa y esa nariz respingada que parecía observarlo todo desde cierta superioridad, comienza a perder aquello que lo hacía reconocible.
Ya no convence.
Ya no seduce.
Ya no consigue que otros bajen sus proyectos.
Ya no logra que el mercado abandone al original para abrazar su copia.
Y entonces aparece una tentación mucho más peligrosa:
si no puedo ganar, intentaré que el otro desaparezca.

Ahí la competencia deja de ser competencia.

Porque una cosa es diferenciarse. Otra es competir. Y otra, muy distinta, es intentar intervenir en el camino del otro para impedir que avance.
Eso ya no es creatividad.
Eso no es innovación.
Eso no es competencia.
Es otra cosa.
Podríamos llamarlo juego sucio. Una jugada por la espalda. Una mano negra. La vieja cuchillada que nadie ve venir o ese golpe en la nuca que aparece cuando la discusión ya no se puede ganar de frente.

Pero quizás la mejor metáfora sea otra.
Porque Cola de Zorro, en su afán por desplazar al original, comienza a abandonar incluso aquello que alguna vez lo hacía elegante.
Y ahí ocurre la transformación.
La cola pomposa ya no alcanza.
La astucia ya no alcanza.
El ilusionismo tampoco.
Y entonces aparece la hiena.

Una hiena que ya no necesita convencer. Solo necesita esperar el momento para atacar.
La pregunta entonces es inevitable:
¿Hasta dónde puede llegar alguien cuando competir deja de ser suficiente?
¿Hasta dónde puede intervenirse en un ecosistema para sacar del camino a un proyecto?
¿Dónde termina la legítima competencia y comienza la práctica que busca impedir que el otro exista?
Pero una columna no necesita dictar una sentencia.
Necesita observar.
Y preguntar.

Cuando el objetivo deja de ser ganar y comienza a hacer desaparecer al otro, ya no estamos hablando solamente de una competencia.
Estamos hablando del ecosistema completo.
Porque los proyectos no existen solos.
Detrás de ellos hay personas, equipos, proveedores, alianzas, financiamiento, creatividad, horas de trabajo y sueños.
Y cuando un proyecto es golpeado, las consecuencias pueden alcanzar mucho más que a quienes lo crearon.

Ahora bien, la historia tiene una segunda parte.
¿Qué hacemos los afectados?
¿Nos escondemos?
¿Dejamos de crear?
¿Abandonamos porque alguien decidió que nuestra existencia incomoda?
No.
Nos levantamos.
Revisamos nuestros procesos. Protegemos nuestras ideas. Documentamos. Fortalecemos nuestras alianzas. Hacemos las cosas correctamente.
Y seguimos avanzando.

Porque ahí está la diferencia fundamental entre el original y quien intenta desplazarlo.
El original no necesita destruir a nadie para demostrar que existe.
Existe porque tiene algo propio que ofrecer.

Por eso, cuando Cola de Zorro abandona su cola y termina convertido en hiena, conviene recordar algo muy sencillo:
La competencia puede intentar golpearnos.
Puede intentar desplazarnos.
Puede intentar cerrar caminos.
Pero mientras exista la capacidad de crear, asociarse, reinventarse y volver a levantarse, el original sigue ahí.
Y quizás por eso es indestructible.

No porque nadie pueda atacarlo.
No porque el camino sea siempre fácil.
Sino porque sabe hacer algo que ningún golpe puede quitarle:
volver a levantarse.
Así son los originales.

Marcela Maldonado Barrera
Ingeniera Comercial | Estratega en Vinculación Empresarial

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