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Los riesgos del Niño en Antofagasta

El fenómeno podría influir en las condiciones de los próximos meses, pero no permite afirmar que lloverá en la ciudad. Especialistas locales llaman a mirar también dónde cae el agua y qué tan expuestos están algunos sectores.

Antofagasta está acostumbrada a la escasez de lluvia. Por eso, una precipitación intensa y concentrada puede causar problemas incluso si dura poco. La pregunta para los próximos meses no es solo si lloverá, sino cómo responderá una ciudad atravesada por quebradas y rodeada de cerros y laderas.

La NOAA, el Centro de Predicción Climática de Estados Unidos, informó en octubre que El Niño seguiría fortaleciéndose hacia fin de año. Sus proyecciones indican una alta probabilidad de que se mantenga entre fuerte y muy fuerte durante el verano austral. El organismo advierte, sin embargo, que los impactos asociados al fenómeno son más probables, pero no están garantizados ni se traducen automáticamente en un pronóstico de lluvia para cada ciudad. 

En Antofagasta, los registros muestran una señal que conviene observar con cuidado. Al 20 de octubre, la estación de Cerro Moreno acumulaba 14,8 milímetros en el año, frente a un promedio normal de 4,2 milímetros para la fecha, según la Dirección Meteorológica de Chile. El dato corresponde a esa estación y no describe por sí solo cuánto ha llovido en cada sector urbano. 

Las laderas también preocupan

El doctor Jorge Van Den Bosch Fernández, geógrafo e hidrólogo, director del Centro de Ingeniería en Mitigación de Catástrofes Naturales de la Universidad de Antofagasta, ha advertido que las lluvias intensas pueden elevar el riesgo de remociones de masa en sectores de pendiente. En una publicación de la UA sobre la posible llegada de El Niño, llamó la atención sobre viviendas construidas en laderas empinadas, donde el agua puede aumentar el peso del suelo y favorecer deslizamientos. 

“Las personas que están en riesgo son las que están asentadas en zonas donde no pasan los aluviones”.

La alerta importa porque el peligro no se limita a las quebradas conocidas. Además, la lluvia puede variar mucho en distancias cortas. La UA recuerda que, durante el aluvión de 1991, Cerro Moreno registró cerca de 16 milímetros en tres horas, mientras que en sectores del sur de Antofagasta se reportaron 51,3 milímetros. Esa diferencia muestra por qué un registro de estación no siempre representa lo ocurrido en toda la ciudad. 

El Niño y cambio climático: conceptos relacionados, pero distintos

El Niño es una fase de la variabilidad natural del sistema océano-atmósfera del Pacífico. El cambio climático es una tendencia de largo plazo. Pueden influir juntos en las condiciones que favorecen ciertos eventos, pero no corresponde atribuir automáticamente una lluvia particular al cambio climático.

En un análisis sobre las precipitaciones extremas de julio de 2026, investigadores del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) explicaron el papel de El Niño y otros factores atmosféricos en ese episodio. El propio CR2 aclara que determinar la contribución del cambio climático a un evento específico requiere un estudio de atribución. 

Para Antofagasta, la señal práctica es mantenerse atentos a los avisos meteorológicos y considerar que un episodio localizado podría afectar de manera distinta a cada sector. La preparación también exige revisar las rutas de escurrimiento, las obras de evacuación de aguas y las zonas donde las pendientes o el terreno aumentan la exposición.

El Niño no confirma que vaya a llover en la ciudad. Sí es una razón para tomar en serio los pronósticos y fortalecer la prevención antes de que ocurra una emergencia.

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